Palermo Viejo

Gurruchaga 1851 entre Nicaragua y Costa Rica. >>ver mapa

Ayres de Español, Spanish Center está ubicado en el corazón de lo que tradicionalmente los porteños conocen como Palermo Viejo; en los últimos años los comerciantes comenzaron a llamar a esta zona Palermo Soho, porque hay aquí gran cantidad de galerías de arte y talleres de artistas plásticos, así como negocios de diseño y ropa artesanal. Pero también está Palermo Hollywood: la parte del barrio que queda cruzando la avenida Juan B. Justo., donde conviven los restaurantes con las productoras de cine y televisión, de allí su nueva denominación. Tanto en Soho como en Hollywood abundan los bares y restaurantes de todo tipo de comidas: mexicana, vietnamita, brasileña, japonesa, italiana, armenia, marroquí, española y por supuesto la típica comida argentina tanto porteña como regional.
En todos los negocios se pueden retirar mapas indicadores de los sitios de interés y de los comercios. El turista se encuentra con infinidad de negocios armados en casas viejas recicladas. Esta modernidad convive con la historia del barrio que late en sus adoquines, en los angelitos esculpidos en algunas fachadas, en los zaguanes o en los talleres mecánicos desde los que suena un tango. También las poesías de Borges se esconden en cada esquina. Precisamente, la calle Jorge Luis Borges, que es la antigua Serrano, fue llamada así en honor al escritor que vivio en el 2245 de esa calle durante algunos años de su infancia. En esa época, hacia 1910, Borges conoció a los verdaderos malevos o cuchilleros, a algunos los vio, otros le llegaron por los relatos de los vecinos. Todos estos personajes viven en muchos de sus cuentos.
El barrio es tranquilo durante la semana pero es otro desde el viernes y hasta el domingo. Los fines de semana los turistas invaden las calles en busca de artesanías y objetos de diseño. En las dos plazas del barrio (Honduras y Borges; Costa Rica y Armenia), se arman ferias de artesanos y artistas plásticos.
Como sonido de fondo, a partir de octubre y desde el atardecer se escucha el ritmo de los tambores y tumbadoras de los grupos de murga. Grandes y chicos enseñan los pasos de baile y ensayan en las calles; se preparan para el carnaval de febrero, un resabio de la población negra que habitó el Río de la Plata y que perdura vivo desde siempre en Palermo.

 

 

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